3/4/15

Por eso, estoy aquí


Algunos “enterradores” no quieren caer en la cuenta. UPyD, no es otro partido al uso; es -o pretendemos ser- una organización política diferenciada. Por eso no respondemos a ciertos “estímulos” tan habituales en otras esferas. Tampoco se nos puede medir con los mismos parámetros. La vara de UPyD es única, innovadora y en las actuales circunstancias -hemos demostrado con hechos que vamos en serio- revolucionaria, y eso, “asusta” al sistema.
Mucho menos estamos doblegados a la pesada carga que supone arrastrar cadenas, baúles ajenos o matrimonios de conveniencia. Somos libres, independientes y carecemos de prejuicios. Tampoco nos mueve la desmesurada ambición por alcanzar cargos y poder. Practicamos la paciencia, conscientes de que las prisas son pésimas compañeras de viaje, y allí donde  queremos llegar, sólo se accede por el camino de la perseverancia y del sentido común.
Hablamos claro, sin eufemismos, sin trampas ni cartón. Es la manera de expresarse del pueblo a quienes pretendemos servir: es el idioma de la calle, que exige soluciones a sus problemas y unos representantes entregados, responsables y eficientes.
Nacimos porque nos lo pedían a gritos  para regenerar una democracia maltrecha y corrompida por quienes han devaluado el noble ejercicio de la actividad política, por quienes confunden la política con un instrumento para satisfacer sus deseos e intereses personales o de partido.  El español –digo bien- protagonista y receptor principal de las libertades públicas en el orden constitucional, no puede ser tratado como una marioneta en manos de tergiversadores de normas, profesionales de la especulación y del cambalache, bajo cuya cobertura se cometen toda clase de injusticias y fechorías.
El nefasto bipartidismo y la oligarquía imperante, son culpables de una gangrena destructiva y voraz que UPyD no quiere alimentar uniéndose al “festín”. Si estamos aquí -y esa es nuestra razón de ser- precisamente es para erradicarla y acabar con la bicoca de unos pocos que llevan años “exprimiendo y saqueando” a la mayoría del país. Los mismos, que ante el empuje de corrientes innovadoras, pretenden “dar una mano de cal a las fachadas” para seguir engañando y que en el fondo, todo siga igual.
Defender unos valores y unos principios, los de UPyD -hoy plenamente vigentes- es lo que me impulsó a saltar al ruedo político de una forma más activa. Vocación de servicio público lo llaman algunos. Y cuando esa intención es la que justifica una actitud o un comportamiento, está claro, al menos para mí, que existe un orden de prioridades –respetando la de otros- que pasa por resistirse a descafeinar o diluir la idea original, aunque tal “porfía” lleve aparejada atravesar un desierto con la cantimplora medio vacía.
Tras el azote del viento “asirocado”, una vez el puzle político de este país se recomponga, estoy seguro, que el "oasis" de UPyD seguirá manteniendo indemne sus coordenadas estratégicas.  

30/12/13

Un cierre anual desalentador

El histórico aislamiento de Melilla respecto de la Península, siempre nos trajo muchos inconvenientes, sin embargo, determinados “aconteceres negativos”, ya fueren políticos, sociales como económicos,  tardaban tanto en llegar a la ciudad, que finalmente sus efectos en la misma, eran mínimos o muy diluidos.
Las nuevas tecnologías y el progreso en las comunicaciones ha cambiado esa especie de “barrera en la distancia”, y hoy, podemos decir que desde todas las vertientes, Melilla, ha sido durante el año 2013 fiel reflejo de lo sucedido en el resto de la geografía española. Es decir, aumentaron las tasas de paro, marginalidad y exclusión social, con problemas añadidos debidos a nuestra singularidad: frontera e inmigración.
Somos más pobres en un entorno de desigualdad, corrupción, pérdida de derechos ciudadanos y valores democráticos. Donde el sistema “hace aguas” por todas partes. Donde las clases menos pudientes soportan el mayor peso de la depresión  económica. Donde observamos, estupefactos, cómo la degeneración política e institucional está “cargándose” el país, la ciudad, y de esa forma, nuestro futuro.
Después de dos años de gobierno, tras la victoria por mayoría absoluta del Partido Popular, hemos podido comprobar cómo el Sr. Rajoy y el Sr. Imbroda, mintieron descaradamente para ganar las elecciones de forma fraudulenta -políticamente hablando- ya que no han cumplido nada de aquello que prometieron y que les permitió conseguir la confianza de buena parte del electorado.
La mentira se ha instalado en el discurso político de quienes en estos momentos, aunque heridos y decadentes,  ostentan el poder. Las falacias, son el instrumento preferido para continuar confundiendo a los ciudadanos a través de la propaganda oficial, y así, no seguir perdiendo una credibilidad bastante maltrecha.
“Brotes verdes”, que habrá “crecimiento económico” o “despegue para el empleo en 2014”, son los términos más utilizados por un aparato que trata de esconder miserias y vergüenzas que, por otro lado, son constatables en unas calles de Melilla llenas de pobres y mendigos, con unos niveles de delincuencia que comienzan a ser muy preocupantes.
Pero aún así, persisten en negar la realidad, miran hacia el lado que más les interesa en esa especie de cúpula de privilegios en la que viven, e incluso, se atreven -como en el caso de nuestro alcalde Juan José Imbroda en el Pleno de la Asamblea del viernes día 27- a mostrar unos datos sobre índices de pobreza -1,1%- en la ciudad,  que insulta a la misma inteligencia y denota el enorme distanciamiento existente entre el pueblo y su Gobierno. Un alcalde con esa actitud, dije y mantengo, está fuera de lugar, totalmente desubicado en el territorio que tiene la obligación y responsabilidad de gestionar.
La brecha social entre pobres y ricos, está creando una “bolsa” de marginalidad agravada por el enorme crecimiento demográfico de Melilla. Desespera por tanto, la nula capacidad de reacción de nuestra clase dirigente. Un gobierno local, perdido, decadente, desgastado, sin ideas e ilusiones, que piensa más en su próximo futuro que en el de todos los melillenses.
Basta analizar el Presupuesto de la Ciudad para el ejercicio 2014, para darse cuenta de la escasa voluntad e interés por optimizar mejor los recursos en una situación de clara excepcionalidad y emergencia socioeconómica. Sin embargo, se insiste en mantener e incluso aumentar, partidas superfluas, clientelares y derrochadoras allí donde el simple sentido común aconseja una redistribución de la riqueza más justa, enfocada a proyectos y demandas sociales urgentes que la “ceguera” institucional se empeña en negar.
En Melilla, dijo el Sr. Imbroda para tratar de rebatir los contundentes argumentos de la oposición: “De momento, no hay barricadas en las calles”.
Si es ese el barómetro que pretende utilizar para percatarse de la situación, abrir los ojos y reaccionar, cuando ocurra -vamos camino de ello- ya será demasiado tarde.