19/10/17

Ninguno de los grandes partidos nacionales actuales -menos aun los nacionalistas- defiende propuestas equivalentes a las nuestras.


UPYD propugna desde sus orígenes que la Educación, ahora en manos de las CC. AA. vuelva a convertirse en competencia controlada por el Estado para garantizar la igualdad de oportunidades y la libre circulación de alumnos y docentes.
El gobierno catalán utiliza la educación como instrumento para erosionar la cohesión emocional y política con España, por lo que es imprescindible un sistema educativo común para absolutamente todos los españoles, reservando a las comunidades autónomas solamente la gestión.
El coordinador melillense de UPYD, Emilio Guerra, ha comentado que la actual situación es producto de “una planificación metódica a lo largo del tiempo, cuyas negativas consecuencias estamos pagando actualmente”. Guerra, considera que “fue un grave error” transferir competencias de Educación a Cataluña durante la Transición, algo que en estos días está siendo reconocido por muchísimas personalidades de todos los ámbitos, incluso del propio partido en el Gobierno.
Emilio Guerra, denuncia que “se está adoctrinando de forma tendenciosa y maquiavélica a los niños en las escuelas catalanas, y eso hay que frenarlo urgentemente”, lamentando que “el gobierno de Rajoy lleve muchos años mirando hacia otro lado por espurios cálculos electorales”.

3/4/15

Por eso, estoy aquí


Algunos “enterradores” no quieren caer en la cuenta. UPyD, no es otro partido al uso; es -o pretendemos ser- una organización política diferenciada. Por eso no respondemos a ciertos “estímulos” tan habituales en otras esferas. Tampoco se nos puede medir con los mismos parámetros. La vara de UPyD es única, innovadora y en las actuales circunstancias -hemos demostrado con hechos que vamos en serio- revolucionaria, y eso, “asusta” al sistema.
Mucho menos estamos doblegados a la pesada carga que supone arrastrar cadenas, baúles ajenos o matrimonios de conveniencia. Somos libres, independientes y carecemos de prejuicios. Tampoco nos mueve la desmesurada ambición por alcanzar cargos y poder. Practicamos la paciencia, conscientes de que las prisas son pésimas compañeras de viaje, y allí donde  queremos llegar, sólo se accede por el camino de la perseverancia y del sentido común.
Hablamos claro, sin eufemismos, sin trampas ni cartón. Es la manera de expresarse del pueblo a quienes pretendemos servir: es el idioma de la calle, que exige soluciones a sus problemas y unos representantes entregados, responsables y eficientes.
Nacimos porque nos lo pedían a gritos  para regenerar una democracia maltrecha y corrompida por quienes han devaluado el noble ejercicio de la actividad política, por quienes confunden la política con un instrumento para satisfacer sus deseos e intereses personales o de partido.  El español –digo bien- protagonista y receptor principal de las libertades públicas en el orden constitucional, no puede ser tratado como una marioneta en manos de tergiversadores de normas, profesionales de la especulación y del cambalache, bajo cuya cobertura se cometen toda clase de injusticias y fechorías.
El nefasto bipartidismo y la oligarquía imperante, son culpables de una gangrena destructiva y voraz que UPyD no quiere alimentar uniéndose al “festín”. Si estamos aquí -y esa es nuestra razón de ser- precisamente es para erradicarla y acabar con la bicoca de unos pocos que llevan años “exprimiendo y saqueando” a la mayoría del país. Los mismos, que ante el empuje de corrientes innovadoras, pretenden “dar una mano de cal a las fachadas” para seguir engañando y que en el fondo, todo siga igual.
Defender unos valores y unos principios, los de UPyD -hoy plenamente vigentes- es lo que me impulsó a saltar al ruedo político de una forma más activa. Vocación de servicio público lo llaman algunos. Y cuando esa intención es la que justifica una actitud o un comportamiento, está claro, al menos para mí, que existe un orden de prioridades –respetando la de otros- que pasa por resistirse a descafeinar o diluir la idea original, aunque tal “porfía” lleve aparejada atravesar un desierto con la cantimplora medio vacía.
Tras el azote del viento “asirocado”, una vez el puzle político de este país se recomponga, estoy seguro, que el "oasis" de UPyD seguirá manteniendo indemne sus coordenadas estratégicas.